martes, 14 de mayo de 2013
Que le den a eso de madurar
Te dicen que madures. Te lo dicen a todas horas y por todos los medios posibles. Te lo dicen en la tele. Te lo dicen los libros: tan polvorientos, tan sabios. Te lo dicen en tu casa delante de un amargo plato de lentejas estofadas que parece que no se termina nunca. Te lo dicen en la escuela. Luego te lo vuelven a decir en la universidad, fundamentado, esta vez, en algún sistema filosófico de valores y creencias que goza de gran veneración por parte de innumerables sabios en sus áreas de conocimiento y que también viene a decir: madura de una puta vez, chaval.
Te dicen que la vida no es como en las películas. Que todo tiene un principio y un final. Te dicen que uno debe aprender a resignarse, a vivir con lo que tiene, a no desear precisamente aquello que está comenzando a acariciar con la punta de los dedos. Te dicen que hay que aprovechar la oportunidad sólo porque alguien -muy maduro- te la está ofreciendo y no debes hacerle enfadar.
Te dicen que el tiempo corre, que se escapa el tren, que se te pasa el arroz. Te dicen que, hombre, ya está bien, que cada cosa tiene su edad. Te invitan así a entender la vida como una serie de compartimentos independientes y estancos: aquí el trabajo, aquí la familia, aquí una controlada dosis de frenesí en forma de cócteles con aceitunita y luces de colores.
Te encierran en una cárcel de tiempo, en un ritual interminable de relaciones sociales, en un apartamento-exposición de cincuenta metros cuadrados de Ikea, mesa Borgsjö por allí, dosel Fabbler por allá, siempre atento, siempre responsable. ¿Feliz? Bueno, a veces. A fin de cuentas, ¿quién puede asegurar que es feliz del todo? Y siempre con esa sensación, esa sospecha punzante de que tu verdadera vida pasa ante tus ojos mientras tú te dedicas a sonreír cordialmente al público.
Y digo yo, ¿para qué vivimos? ¿De verdad alguien piensa que podemos hacernos merecedores de esta frágil y diminuta porción de tiempo que nos ha sido dada si no la utilizamos para disfrutar la vida de cabo a rabo, para romper con todo lo establecido y poner el mundo del revés?
Madurar: que le follen.
Yo lo que quiero es salir a bailar.
domingo, 28 de abril de 2013
Paris is for lovers.
-Yo soy un claro “muerte al amor”
-¿Por qué?
-Porque una vez quise tanto que el amor acabó matándome a
mí.
sábado, 6 de abril de 2013
Corazones que son como un avión en llamas
-Te he echado de menos, Elena- le susurra él como un gemido.
-Que equivocado estás, amor- dice ella- no puedes echar de
menos algo que nunca has tenido.
miércoles, 27 de marzo de 2013
Apurando hasta el último latido.
El olor a café lo inunda todo de paz, o por lo menos me
inunda a mí. Hay olores, y sabores, que te traen recuerdos, cierta melancolía,
algo de nostalgia, pero a la vez, te inundan de un “no sé como describirlo”
también llamado felicidad. Porque, a pesar de todo, los recuerdos no siempre
duelen. Se habla mucho del dolor del pasado, pero no de la satisfacción de una
vida ya construida que hoy te hace ser quien eres. Muchas veces, miras atrás, y
sonríes. Será un pasado peor o mejor, pero es tu pasado, son las personas,
momentos, experiencias y sensaciones que han bañado cada uno de tus huesos y
eso no es triste, es bonito. Hay que olvidar la autodestrucción y
reconstruirse. Poco a poco, encajando las piezas.
Lo importante, es saber apurar hasta el último latido y
disfrutar del sabor agridulce de un pasado, presente y futuro que llevas en la
maleta allá donde vayas.
viernes, 22 de marzo de 2013
femme fatale
-Mira cariño- dice Marlene mientras exhala el humo de su
cigarrillo- lo importante no es si él me quiere, si no si yo le quiero a él.
Marlene tira al suelo
la colilla y la aplasta con el tacón, como acostumbra a hacer con los corazones
desprevenidos. Marlene se da media vuelta, y mientras se aleja sonríe y dice
por encima del hombro:
-Eso no te lo esperabas, ¿verdad?
jueves, 14 de marzo de 2013
Stay strong
No te imaginas cuánto daría por salvarte, por sacarte de esa oscuridad en la que estás metido y llevarte hacia mi luz.
Ánimo Álvaro, estamos contigo.
viernes, 8 de marzo de 2013
El amor también es un juego
-¿Qué quieres?- preguntó él.
-Jugar- contestó ella.
-¿A qué?
-Al amor- dijo mientras sonreía – Y quiero jugar contigo.
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